Un venado en Campoo


Un venado enorme con una cornamenta monumental, lo menos medalla de oro, que digo yo, de platino! se presentaba ante mí. Y ahí estaba yo con mi rifle dispuesto a derribarlo. Apretaba el dedo sobre el disparador o gatillo y por más fuerza que hacía el disparo no salía, apretaba más y seguía sin salir llenándome cada vez más de angustia. Eso me despertó.

Miré el reloj. Aún era pronto. Faltaban 15 minutos para que sonara pero no pudiendo aguantar más en la cama me levanté y me fui al baño donde me aseé. Me asomo a la ventana para ver el tiempo que hacía, qué susto! Miraba el suelo y veía rebotar las gotas de agua y encima con abundancia. Día de lluvia pensé. Falsa alarma, es el riego por aspersión de los jardines. Se ve que aún no estoy despierto del todo.

Esta vez tenía preparado el rifle Merkel de cerrojo del .308W con balas SST de Hornady de 165 grains. Recojo el rifle y los archiperres preparados con antelación el día anterior y después de tomarme una manzana bajo al coche para enfrentarme con la carretera. Calculo que de Santander a Reinosa tardaré un poco menos de la hora y como salgo a las seis y diez voy sobrado de tiempo ya que he quedado con Berto a las siete y cuarto. Todavía no nos conocemos personalmente.

La autopista hasta Reinosa es estupenda y, atendiendo a los pensamientos que se me vienen a la cabeza de cómo será esta esperada jornada de caza, el coche se embala solo y a pesar de que intento ir despacio, a las siete y cinco ya estoy en la gasolinera. Aprovecho para ponerme las botas y polainas y preparar los aditamentos para la jornada. Hace fresco pero, como no corre aire, promete un buen día de caza.

- Hola Alberto al fin nos podemos saludar en persona.

A Alberto, Berto para los amigos, le había conocido por medio de Santos un buen cazador y amigo de Campoo que me lo recomendó cuando buscaba un precinto. He tratado con algunos personajes, hay de todo pero más malo que bueno, que venden precintos y Berto me ha parecido persona honesta y siempre preocupado por el cazador. Ahora después del rececho en su compañía solo puedo hablar bien de él.

Así pues, pasamos los trastos al 4x4 de Berto y salimos hacia Espinilla donde se había quedado con los guardas. Mientras nos trasladamos se preocupa de quitarme ansiedad asegurándome que vamos a cobrar un buen venado.

- Además, y por si hay dudas, tenemos hasta febrero para conseguirlo.

A mí eso de febrero me produce un efecto “raro” ya que si bien el tardar mucho en conseguirlo es disfrutar de “muchos” recechos, por otro lado “más vale pájaro en mano que ciento volando”.

Un café y un sobao en compañía de los guardas, al que nos invita Berto, nos va entonando después del madrugón. Entra otro cazador que también va a recechar acompañado de su dama que también se apuntan al café mañanero. Tiene pinta de “señor” al que no le maltrata la vida. No sé de donde es aunque me comenta Berto que vienen muchos señoritos, el los llama cazadores, del Sur y de Madrid No estamos muy dicharacheros supongo que pensando todos en las perspectivas del día.

Se decide la estrategia y la ruta. Yo iré con Oscar el guarda en su coche y Fran, el otro guarda, irá con Berto en el otro todo-terreno.

Ya apunta el amanecer cuando subimos despacio hacia las sierras del Cordel. Oscar no habla mucho pues va pendiente de la carretera y vigilando atentamente los paisajes que atravesamos. Mi vista y la falta de entrenamiento en estas lides no me ayudan y encima no sé muy bien ni hacia dónde vamos, así que me dejo llevar. Me da la impresión, como así se confirmó a lo largo de la jornada, que Oscar sabe lo que se hace.

Dejamos la carretera, dejamos el camino y nos metemos por una trocha. Oímos berrear a dos o tres venados. Es la hora mágica del amanecer, cuando la claridad va desvelando poco a poco sus secretos, es como cuando iniciamos una novela donde todas nuestras expectativas están “en lo que va a pasar”.

Berto, Fran y Oscar ya han localizado un grupo de venadas, “pepas” las llaman por el sur, junto con un macho que puede dar las medidas. Me las señalan localizando con los prismáticos un pequeño rebaño de seis hembras y un macho. Fran y Oscar sacan los telescopios para dictaminar la bondad del trofeo. Dan el visto bueno y deciden que nos acerquemos con el coche. Avanzamos cuanto podemos llegando a un punto en que si seguimos quedaremos demasiado al descubierto y desde aquí el tiro es un poco largo. Está a más de 260 metros según apunta Berto. Me apoyo en la rueda de repuesto de 4x4 y enfilo con el visor al macho. Entre la posición un poco forzada, la poca claridad y los dichosos nervios, no acabo de meterlo en el visor. Ya le veo! Apunto al codillo pues las puntas BST de Hornady de 168 grain van ligeramente altas. Pumba! Pumba! Dos disparos y el rebaño arranca con el macho en retaguardia. Va un poco lento por lo que pensamos que puede ir tocado.

Montamos en el coche a toda velocidad partiendo hacia donde piensa Oscar que los podemos cortar en su trayectoria. Bien por Oscar! Ahí aparece trotando en un claro a unos ciento cincuenta metros salgo del coche a toda velocidad y le vuelvo a disparar. Se va.

Otra vez al coche y a correr. Oscar, conocedor del terreno, va hacia un claro donde piensa aparecerán en su huida. Lo hace tan bien que llegamos antes de tiempo. Allí estaban las venadas asomándose por el pinar que sale de la vaguada pero el macho no había llegado. Allí, allí! Está en la loma anterior a la vaguada. Apenas me echo el rifle a la cara cuando ya se ha metido en el pinar. Una ligera búsqueda entre todos, nos habían seguido Berto y Fran, sin resultado por lo que se decide que Fran y Berto entren a pie por la parte baja mientras Oscar con el coche y conmigo al lado seguimos hacia lo alto por si se hubiera escabullido por el pico del pinar. Encontramos dos venados peleándose pero el que buscábamos no aparece.

Volvemos con los compañeros donde Berto nos dice que ha estado donde ha pasado el venado y que no ha encontrado ninguna señal de que esté herido. En vista de las circunstancias se decide cambiar de lugar. Montamos en los coches y avanzamos sobre un paisaje que impresiona por su grandeza Adelantamos a una pareja equipada para monte que va por el camino y un poco más adelante a tres muchachos más. No me extraña que este panorama donde la naturaleza luce con magnificencia geográfica y biológica atraiga personal.

Nos metemos por una trocha, como quien dice campo a través, subiendo a través de un paisaje de brezos y escobas. Llegados al lugar donde otear sacamos los prismáticos poniéndonos a la tarea. Rápidamente los ojos expertos de mis acompañantes localizan allá en la ladera encima del cercado a un macho con sus hembras. Complicada entrada. Berto descubre un magnífico ejemplar echado a unos quinientos metros. Está en un claro cerca de una pequeña vaguada poblada de escobas. La primera impresión es que sobrepasa en calidad lo que venimos buscando pero mirando con los telescopios encuentran que le falta una contraluchadera y se adapta a nuestro baremo. La entrada parece razonablemente fácil así que, esta vez, Fran decide acompañarme en el lance. Ahí vamos. El venado está echado con la cabeza en tierra y el acercamiento lo iniciamos por un camino que sube y que permite estar bastante cubierto. Cuando estamos a unos ciento cincuenta metros el venado, este se levanta parsimoniosamente y como si pensara que ya estaba bien de que le vieran va hacia la parte más espesa. No da señales de habernos detectado. Vemos que anda mal. Algo le pasa. Oscar se nos une y se decide seguirle pues no parece que se vaya lejos tal como andaba. Intentamos detectar algún movimiento en la vegetación que nos indique que se mueve. Nada. Sigue por aquí. Oscar decide entrar por la parte baja hacia donde se había dirigido el venado mientras yo situado en un alto y con posibilidades para verlo cuando se mueva y poder disparar, me preparo.

Un poco abajo a unos cincuenta o setenta metros Oscar lo encuentra y lo señala. Esta a unos quince metros de él. Nos avisa y da una pequeña voz. Nada. Le da palmadas ya que su sola presencia y la voz parecen no bastar. Ahí se levanta el venado con fuerza y se le para a unos treinta o cuarenta metros donde se queda expectante pero sin moverse a pesar de que Oscar sigue con sus palmas.

Arriba yo le tengo en la mira pero las escobas son espesas y solo se le divisa la cabeza y apenas el lomo. Además esta de culo. No se mueve. El tiro a pesar de la postura del bicho no es largo así que le pregunto a Fran. Tiro? Si lo ves bien tira. Bumba! Antes de que se vaya no lo pienso. Esta vez había puesto una Partition de 165 grains en la recámara. Le entró por la columna como unas banderillas, llegándole a la cabeza. Quedó seco. Felicitación de Fran.


Quería verlo, así que bajamos al sitio donde había caído el venado. Y allí estaba el bicho con su hermosa cuerna doblado sobre sus patas en medio de las escobas. Una vez más me invade ese sentimiento raro y contradictorio entre la muerte de un ser libre y hermoso y el orgullo de la captura.

Examinamos al venado entendiendo ahora su comportamiento anormal ante la presencia nuestra. El pobre animal tenía un orificio necrosado infestado de gusanos, seguramente de un tiro, que le había entrado por la pata delantera sin rompérsela y le había salido por la tripa y que le debía crear un gran sufrimiento. Hasta olía mal. Todos nos alegramos de que las circunstancias hubieran sucedido de esa forma para que el animal no sufriera más. Fran y Oscar, como guardas, especialmente. Me gustó mucho que los responsables del cuidado de nuestra fauna salvaje tengan esa sensibilidad. ¿Tendremos que enviar a la misma escuela a los políticos y banqueros?

A la vuelta hacia Santander reflexionaba de la suerte que había tenido en vivir esta jornada de caza con estos compañeros tan estupendos. También pensaba que era una suerte que fallara el primer ejemplar pues, de haber acertado, tendría un buen trofeo colgado en la pared pero un recuerdo un poco soso de un rececho a un venado en Campoo.

Daniel Quintana