El Tíu Melchor

Para los que somos "de ciudad" existen o existieron personajes, que a no ser por la seriedad de las fuentes que nos lo cuentan, no creeríamos que pudieran haber poblado estas tierras. De todos estos personajes hay algunos, muy pocos, que destacan de los demás debido a su fortaleza física y moral que les permitió ejecutar gestas de personajes mitológicos.

Uno de estos personajes épicos que vivió en nuestras montañas no ha demasiado tiempo era el Tíu Melchor. Lo cuento tal como lo contaba un amigo de su hijo, también magnífico personaje, y que acompañó a su padre en numerosísimas ocasiones

Quiero agradecer a Don Manuel Gómez y a los buenos amigos del Mesón Rio Argoza, de Barcena Mayor, el que nos hayan facilitado esta fotografía de Tíu Melchor, uno de los cazadores cuyas hazañas merecieron sobradamente convertirse en leyenda. Cuentan que llegó a cazar 37 osos. Había nacido en 1.861, y falleció en Bárcena de Pie de Concha en 1.953. Yo tuve la suerte de que su hijo Aurelio me contara muchas de las aventuras que con él compartió por esos montes siendo todavía un niño, con los zapatucos hundidos en la nieve, con la boina calada hasta tapar las orejas, sin camiseta siquiera, solo con aquel blusón que era costumbre usar en aquel tiempo. Aurelio había nacido también con la misma irrefrenable pasión por la caza; nunca le importó echarse encima hasta más de cuarenta kilómetros, solo para ver unos cepos; o cargar con un rebeco a la espalda desde Polaciones, cruzando los montes de Saja, Palombera, todo por Tajahierro a Barcena Mayor, Montabliz, hasta el caserío Redondo de Jumedre. Muchas horas solos, él y su padre, pasando noches enteras acurrucados junto a una hoguera, cenando a veces la asadurilla del jabalí que acababan de matar, juntos siempre los dos.

Para muestra he aquí una historia que trasmito tal cual mis fuentes.

Mi padre gastaba una escopeta de esas de un solo cañón. Y salía el tiro cuando quería!. Porque, pegabas dos o tres veces, y el tiro no quería salir hasta que no le daba la gana!

De doce años ya le cogía yo a escondidas la escopeta a mi padre. Le hacía yo una marca a una cajiga, le quitaba un poco la corteza, ponía allí una perra, y de doce años le pegaba yo a la perra un balazo!, a una distancia de 30 metros!

Muchos osos matamos juntos! En una ocasión, iba yo delante, con las escopeta al hombro, y ...cuando al pasar así por entre unos matojos, pues...-según iba así andando- Uhooooh!!, pegó así un bramido una osa!. Y, en lugar de venirse a mi -porque si se me viene a mi, no me da lugar a echar la escopeta a la cara-, se coló en la cueva donde tenía las crías. El perro chillaba y ella hacia:

- Jhuuuahaaaa!

Chillaba dentro pero no salía!. Yo entonces tenía dieciocho años!

- Pues ¿cómo no saldrá la osa de la cueva!?.

-La osa, cuando pare, está veinte días sin ver. Por eso no sale.

Tuvo que, arrastrando, entrar mi padre en la cueva. Estábamos alli, a la puerta, otros tres: mi primo, otro de Silió, y yo. Y el se metía arrastrando y ...nos hablaba desde dentro!.

-Voy a tirar un tiro a ver que pasa!

Nos decía a nosotros. El dentro no veía nada!. Entonces no había linternas; si llega a llevar una linterna la ve bien, porque estaba la osa a unos tres metros de él; no estaba más lejos. Tiró un tiro sin mirar y ...<>, pegó un berrido la osa!. Tiró a bultu!, pero le pegó en un brazo; que lo vimos después. Pero se aguantó el tiro allí la osa, y no se movió!. Salió mi padre pa fuera y, si, el perro quería entrar pero, le animábamos y...¡temblaba!, ¡¡pegaba un salto!, y el perro p'afuera. Con que ya, vuelve a entrar mi padre, pero metiendo una peña delante de él...

-Por si acasu sale de golpe la osa!, pa que me aguante la peña!

Desde dentro seguía hablando con nosotros. No tenía miedo, no!.

-Voy a tirar otro tiru, estar al cuidau!

El estaba muy cerca de ella, ya la veía los ojos!, que estaba mirando la osa hacia él!

-Ya la veo!

¡La veía los ojos relumbrar!. Entonces le tiró y, claro, le metió un tiro en mitad de la cabeza!. Se salió otra vez p'atrás y, de allí a un rato, pues entró con un chuzu, que estaba atado a un palo como un puñal! Entró con el chuzu -ya no metió la escopeta!, la tocó así a la osa, y vio que no se movía. Entonces va mi padre, da en sacar , y sacó tres crías; la madre costó sacarla porque era bastante grande!. Esos osos los criamos nosotros; porque venían los húngaros -aquellos que venían con los osos bailando y tocando el pandero!- y a ellos se los vendíamos.