*** SIETE BALAS PARA SIETE ANIMALES ***

DE CAZA POR EL SELOUS CON UN BUEN AMIGO: MI MAUSER 66 CAL. 375 H&H MAGNUM.
"El justo combate entre la inteligencia humana y la sagacidad de las fieras parecía extrañamente leal comparado con las emboscadas de los hombres". Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar
Justo antes de salir este agosto para Tanzania he podido leer varios artículos sobre balas, calibres, etc. adecuados para la caza en África y, como siempre, encontramos mucho y variado, pero siempre aparece el viejo 375 H&H Mágnum y siempre todo el mundo tiene que apostillar el correspondiente pero...; parece que, sin atreverse a denostar definitivamente al viejo veterano de mil safaris, tampoco es "chic" dejarlo pasar con toda su gloria intacta y que desluce no marcar distancias y elogiar las oportunas novedades.

Y ya sabemos que este tipo de "peros" son conjunciones adversativas y, en el fondo, demuestran una cierta oposición a algo. Paquito es muy buen cazador pero no le pega al mapa de España, etc.

Que si se ha quedado viejo, que si no vale para España (por exceso), que si es pequeño (para los 5 grandes), que si demasiado rápido, que si esto y que si lo otro.

Vale que el calibre en cuestión NO es un stoper y también está claro que sólo los PH necesitan stopers, los demás no; salvo que nos disfracemos de PH y nos guste pensar que somos el rey del mambo, carga va y carga viene, que mas parece la batalla de Balaclaba que África. Vale también que es grande (pero no demasiado grande) para nuestros lances monteros.

Y claro, para los que también le usamos aquí y disfrutamos en todas partes de este calibre y tenemos que oir tanto rollo sobre cañones africanistas -por el lado "grande"- y risitas de precisos y ultra veloces (aspirantes a) snipers y que no se han enterado de la diferencia entre un tiro a 400 yardas y pegarle un tarascazo a un guarrete en un cortadero, no nos queda otra que resignarnos y hacemos oídos sordos a tanto experto ultraveloz con culo de bote mientras echamos un cariñoso vistazo a nuestro viejo rifle agraciado en su interior con el extraordinario 375 H&H magnum. El "tres setenta y cinco" por antonomasia, sin más.

Así las cosas, y después de tumbar unos cuantos cochinos con el Mauser 66 del 375 en varias de nuestras (terroríficas) monterías y ganchos, me preparé para ir de caza a una zona verdaderamente abierta (por no cercada con vallas, quiero decir), en Tanzania, en el Selous, incluyendo en la licencia dos búfalos y casquería variada.

Al terminar la temporada montera y como los balas Sako de 270 graims que uso para nuestros admirables jabalís no parecían muy adecuadas para los Cafer, pues pregunté y pregunté y al final me compré las balas que me dio la gana y ya que estábamos en plan europeo a tope y alineados al eje franco-alemán; vamos que ya que somos UE, pues UE a tope y nos hicimos con unas cajas de balas RWS de 300 graims, 60 balas TUG y 40 sólidas de las llamadas Vollmantel Geschoss y que Dios me perdone por decir palabrotas.

Como es lógico y natural en un sitio con varios miles de licencias de caza y muchos miles de armas por ahí pululando, en Cantabria no existe un solo campo de tiro donde regular y probar los rifles; de manera que, una vez más, con la colaboración inestimable de mi buen amigo Miguel San Emeterio, pusimos la herramienta a punto y "fina como un bisturí" en uno de esos valles que abundan por estos lares, siempre con esa sensación de "ilegal" a que te condena nuestra legislación y los medios que para darla cumplimiento tenemos (¿?) a nuestra disposición. Miguel, además, dejó el cerrojo retractil del 66 suave como una caricia, rebajando ligeramente la madera del costado, que se había hinchado un poco con las lluvias del invierno y rozaba al desplazar el carril.

Como la cosa principal iba de búfalos y, por las características de la zona, etc., no parecía adecuado tirar a más de 100 mts, pues dejamos todo ajustado para un teórico 0 a 100 para las TUG, que siempre serían la primera opción, seguidas luego en el cargador por dos de las sólidas.

Y, una vez más, el "vetusto" (92 años le contemplan) 375 nos vuelve a demostrar por qué sigue siendo el Rey, y hace siempre lo que quiere porque su palabra es la Ley, dando sopas con honda a todos los párvulos pipiolos que abundan por ahí: vean amigos míos como agrupa a 90 mts 3 balas diferentes, dos de ellas, la TUG y la VMANTEL de 300 graims y la tercera, la de los cochinos, de 270 graims. Y esto es un garantía y una tranquilidad cuando te paseas por esas tierras de la Sra. Tse-tse en busca del tal "Ñaty" y te salta de sopetón el faco ese tan simpático y rabitieso, o tienes que poner mirando para Laredo a un buen (raro) impala.

Por si acaso, también pegamos unos tiros con las miras abiertas, que nunca se sabe.

..., y pensando en tirar con todo entre 20 y 150 metros.

Con el equipo preparado y después de los penares de rigor, llegamos al campamento con una tarde de antelación, gracias a las eficaces previsiones de mi colega y sin embargo amigo, Santiago Garrido, al que podemos ver probando su Blaser, también del 375 y con freno de boca, en la misma zona del campamento. Yo disparé un tiro y como las cosas estaban igual de bien a la orilla del Río Kilombero que a la vega del Río Pas, pues no le dí más gusto al gatillo, que teníamos 7 días de caza por delante.

Aquí sí quiero hacer un inciso, que también afecta al tema de la balacera, pues la caja de balas de un compañero de cacería fue extraviada no sabemos dónde (Barajas, Amsterdam. Tanzania?) ni por quién. Lo que si sabemos es que al día siguiente, a las 12, una avioneta fletada por KLM aterrizó en la pista donde habíamos "africanizado" el día anterior y lo hizo con la caja en cuestión, sin cargo alguno y, después de firmar el recibo más curioso que he firmado en mi vida, se fue por donde vino, y sin pedir propina!!!

7 balas para 7 animales

Y este es el meollo de la cuestión, ¿es el 375 el campeón del "vale pá tó", u all around?, que también dicen por ahí. Pó zí, lo eh!. Veamos.

El primer lance se produce a la media hora de salir del campamento, nos dirigíamos con viento fresco hacia una zona donde esperábamos encontrarnos con los toros y, de repente, a un costado del camino vemos un par de impalas machos, hechos y derechos y con las puntas de los cuernos ya separándose. De hecho han sido los mejores que he visto en toda la semana.

Aquí los impalas son "pequeños" y sin pensarlo más avisamos al ínclito Sr. que nos hacía las veces de PH, apodado "Chanquete" por un voto de diferencia sobre la alternativa "Mr. Magoo", valorando su aspecto para el primero y su certera visión para el segundo apodo.

Baste con decir que es la primera vez que no le doy ni un raquítico dólar a un PH por una cacería en África.

Nos bajamos del Toyota y gracias a los nativos que hacían de pisteadores damos con los impalas que se habían resguardado a 50 mts, detrás de unos arbustos. Bien, he aquí una de las primeras situaciones para las que se supone que funciona el calibre en cuestión: del animal sólo vemos los cuernos y por una mancha rojiza detrás del follaje hemos de deducir por dónde pensamos que está el hueco de las cosquillas. Pum!, TUG al aire e impala patas arriba, sin dar un paso.

Al día siguiente y después de que Santiago diese cuenta de su excelente hartebeeste de lichtenstein,s (kongoni que dicen por ahí, aunque en mi Guía de la Caza en África le dicen kongoni al de coke´s), pues ya me tocaba a mi tirar a este bicho tan feo. Después de localizar un grupo hacemos un minirececho hasta buscar una posición desde la que valorar el animal. Ponemos los palos y la situación estaba clara; ahí sólo había un candidato y, un segundo después, ya no lo había. Ahora el tiro había sido limpio, a 80 mts y con apoyo. En honor a la vedad y al nombre del animal, hemos de reconocer que éste sí dio dos pasos, aunque Santiago dice que fueron 3, no se, no se, me embarga la duda.

El día siguiente lo pasé haciendo el censo de impalas y kongonis de la zona (justo lo que ya había cazado) y observando con mucho interés el entusiasmo de estos pirómanos consumados que nos acompañaban, si bien haciendo siempre uso de una sola técnica, que por ello supongo perfectamente dominada: encender una cerilla desde el coche y tirarla a lo seco, así, con garbo y precisión.

El Selous huele a quemado y, todo hay que decirlo, te vienes con olor a quemado, y no en la sombra del viento, sino en la memoria de tu pituitaria grabada a fuego en tu cerebro y en el recuerdo de tu viaje; y es una pena, pues son tantos los olores evocadores de tantos viajes, que regresar con el sentido más evocador abotargado te roba una parte de tus recuerdos.

Más mosqueados con "Chanquete" que un vegetariano con un esquimal, seguíamos paseando nuestras posaderas por el Selous y estaba en mi turno cuando, en un secarral que la gente del lugar llamaba "serengueti" en honor al afamado Parque, vemos un faco macho y bien dotado que se coge las de Villadiego. Aporreamos el techo y le sugerimos lo de cazar al animal , por eso de que está en la licencia, con el debido respeto, si no es mucha molestia y tal y tal. Al final Chanquete se mete por donde no debe y desiste mientras vemos como el animaluco se marcha por estribor, a sotavento. Jurando en cántabro clásico le digo al Chanquete que todo para la derecha, o sea, "culia", "culia" y más "culia"...; Chanquete para el Toyota (que sí que es fantástico) y sin esperar a recibir placet alguno le pego un disgusto al colmilludo que se había parado para mirarnos a la sombra de un arbusto, 80 ó 90 mts más allá del swarovski habicht de 1,5 x 6 x 42 que le seguía con tan malas intenciones.


Ya van 3 de 3, todos los pequeñines (impala, kongoni y faco) y todos con la TUG. Está claro que el 375 no perdona por razón de peso o constitución.

Por la noche prescindimos de los servicios del Sr. Chanquete, y al día siguiente sustituí a mi amigo Daniel en la tarea de cazar con su elegante PH (con un IWC de los buenos en la muñeca, nada menos). Después de otra jornada apasionante en biodiversidad y paisajes, y más ahumado que un queso de Áliva (quien pudiera!, ay del sabor de la tierruca) vemos una manada de ñus, de estos del Selous que tienen una franja blanca en la cara. A 300 mts me ofrezco voluntarioso para que el PH no tenga que mancharse los pantalones y le digo que puedo tumbar al desafortunado cuadrúpedo. No se fía el muy incrédulo, PH de poca fe, y nos acercamos hasta 250 mts, imposible acercarse más, todo abierto y la manada en estado de alerta. Miramos al grupo y recibo las indicaciones, el que está solo a la izquierda, separado del grupo. Le pongo la cruz medio metro por encima y el ñu queda visto para sentencia, que se pronuncia in situ, in voce. Vaya con el 375!. Noto que el PH en cuestión me mira con otros ojos. Prueba superada y el glorioso calibre imperial demuestra que vale para chicos y medios, también para cerca y para lejos. En este lance, con uno de esos bonitos stoppers, no le habría pegado ni un capón en tiro parabólico.

Mientras regresamos al campamento nos salta un faco, a 30 mts y le aplicamos la Ley de Fugas por vía sumaria, también con un solo argumento, pedazo de torpedo universal. El PH, que definitivamente me está cogiendo afecto, le corta la colita (la peluda) y solemnemente me la entrega con promesas de fiabilidad y "dura-biliad" que no serían del agrado del laboratorio Pfizer´s.

Esa noche hacemos una nueva redistribución de cazadores y profesionales. Generosamente, Borja y Javier que ya habían hecho su cupo de búfalos acompañados por Peter, un PH made in Zambia, con pinta de PH y resultados de PH, me brindan la posibilidad de cazar-cazar con Peter mientras que ellos me relevan en el mundo de la elegancia y buenas maneras del que fue mi segundo PH de este safari.

Al día siguiente me marcho con el bueno (de calidad, digo) de Peter y buscando y siguiendo rastros, caminando y trabajando el asunto, sorprendemos 6 horas más tarde a un grupo de 5 búfalos tumbados cerca de un pequeño bosque medio seco, junto a una ligera loma. Un grupo de "Ninjas", que por lo visto en África, no son tortugas mutantes. Nos detectan, se levantan y se meten en el bosquete. Salimos a la carrera tras los animales y, al cabo de 200 metros de carrera, más o menos, nos paramos y, entre los árboles, distinguimos 4 machos que se han quedado mirándonos a 60 mts de distancia. Ponemos los palos, metemos al que parece más grande en el visor y llega la orden: shoot, y yo que soy un mandado agradecido, no discuto y hago lo que dicen, pues es la buena disposición para obedecer lo que siempre me ha caracterizado y encumbrado tanto en mi vida personal como en la profesional. Recogemos los palos y salimos corriendo de nuevo en dirección al toro cuando, repentinamente, nos sale el 5º animal, a 30 mts., detrás de un árbol a la derecha. Ya he disparado un tiro y la siguiente bala en el cargador es de las sólidas. Peter me dice que dispare al que ha salido detrás del árbol, le aviso que la bala es sólida y me dice que le tire al cuello; como no tenemos tiempo para "empalar", le tiro a pulso sobre la marcha y echamos de nuevo a correr, ahora en la dirección del segundo.

Dos búfalos yacen sobre la loma, separados por 30 mts. El segundo animal se había desplomado como un pelele, el primero todavía mugía sus últimos pensamientos; y mi 375 ni siquiera había tenido ocasión para calentarse, haciendo su trabajo en 30 segundos, dejando mi licencia más pelada que una bola de billar; así, de sopetón.

Tercera prueba superada, y ésta, además, por la patilla y con nota, pues dos son los búfalos y dos los tiros que hemos disparado, uno semiblindado y el otro macizo entero. ¿Algún problema para que el 375 haga su trabajo con los "chicos del barro"?. Me parece que no muchos.

Y de esta manera terminé con mi licencia, con 7 balas para 7 animales; pero todavía quedaba un día más por delante.

El último día acompañé a Daniel en su rececho a los búfalos, apasionante, por cierto. El viejo búfalo, herido, se metió entre la hierba más alta y me ofrecí para acompañar al PH en la búsqueda del animal. Peter (quién sino?) me autorizó a entrar, después de decirme que quitara el visor del rifle. Cuando seguíamos el rastro de sangre, noté un movimiento por la izquierda y algo retrasado, a las 8 que dirían en las películas de aviones. El viejo "daga boy" realizaba su última carga. Éste sí se llevó media docena de tiros, tantos del mío como del 458 Lott (también es justo decirlo, pedazo de calibre!) de Peter, y es que ahí, en ese preciso momento, sí se trataba de parar una carga, por lo civil o por lo criminal.

Ahora que estamos en septiembre y ya hemos empezado con los jabalís por estas tierras del Norte y vengo de recechar en la berrea, he abierto mi armero, he dejado el 7 mm RM que me ha acompañado entre bramidos, pepas y amaneceres. Dejando para otra ocasión a los demás hierros, he echado mano, sin dudar, de un rifle, uno que huele a humo, un viejo Mauser, modelo 66, calibre 375, pues ya es hora de ir a por los guarros.

Fdo. Martín J. Silván