Cayó la venada

enero 2020

El tema venía de antes. Era la segunda vez que, bajo la tutela de Oscar, iba a intentar conseguir la venada.

Había quedado con mi hija Laura para hacer este segundo intento así que se acercó desde Santander a Campoo donde ahora resido. Como aún estaba bajo los efectos de un rebelde catarro y acobardado por mis sensaciones del anterior intento, la llamada a Oscar para quedar estaba más propicia a escabullirme que a intentar el lance, pero al fin entre los ánimos de él y la visita de mi hija concertamos la cita. Mañana a las 7,30 en la gasolinera de Fontbellida.

Y allí estábamos como un clavo a la hora acordada. Un café para nosotros mientras Oscar se toma su desayuno. Pasamos los bártulos a su todoterreno y enfilamos la carretera con el firme propósito de disfrutar lo que nos trajera el día. Los paisajes en la Sierra Palentina por la que pasamos están entre montaña no muy alta y terreno más o menos llano con vegetación de cereales, alguna montaña de piedra y bosques de robles, que nos tranquiliza y llena de esperanza en encontrar “mucha” caza.

Oscar ya tiene claramente en su cabeza los sitios donde encontraremos la caza. La lluvia meona, algo de niebla y la nieve suave en sitios elevados nos anima más que desanimarnos.

Llegamos a la primera querencia y avistamos varios grupos, pero la distancia es grande y mis piernas pobres. Oscar decide que se resguardarán a sotavento del monte, así que les entraremos por allí. Hay que ir “al otro lado”.

El primer intento es meternos por una carretera nevada donde encontramos las huellas de un buen jabalí y dos lobos de la noche anterior. Estaban trabajando en el monte lo que espantará la caza por lo que nos dimos la vuelta sin ver nada.

Probamos otra carretera y en una curva donde los costados de piedra se elevan de forma abrupta, nos encontramos un coche de frente parado dejando pasar una manada de rebecos. Paramos también. ¡Qué gozada! Son unos 15-20 y estarán a unos 40 metros de nosotros. Pasan todos menos dos que no se atreven por tener al otro coche muy cerca del paso. Es coche se va y pasan los dos rezagados. Allí estuvieron un rato en la ladera sin asustarse para deleite nuestro haciéndoles fotos. Ya está bien, seguimos.

Ya estamos en el lugar. Prismáticos y a buscar. Allí hay un grupo de seis o siete. Probemos dice Oscar.

El “probemos” de Oscar significa meterse con el coche monte a través en un día de terreno mojado.

La aproximación resultó ligeramente complicada ya que el coche se encabritó un par de veces gastando un tiempo en el que, afortunadamente, las venadas siguieron pastando sin asustarse de nuestras maniobras.

-Ya no podemos acercarnos más con el coche y si salimos y nos ven se marchan. Dice Oscar

Mide la distancia: 353 m.

-¿Te atreves?

Tapándonos con el coche salimos. Saco el rifle cargo con balas de 168 gr Barnes y me apoyo en el coche. Posición incómoda pues en bípode instalado en el rifle casi no sube lo suficiente por estar las venadas muy altas.

Sube los aumentos, me recuerda Oscar.

Uf! Que incómodo!. Me cuesta encontrar el enfoque. Bueno ahora lo veo. Es muy arriba, baja el tiro. ¡Venga que se van a ir!

Boomm!!

Tiro bajo. Menos mal que no se han ido a todo correr.

Subo la cruz del visor y disparo de nuevo.

Boomm!! Plooff!!

Vaya, esta vez sí sonó a carne.

El tiro un poco trasero destripó al animal. Las Barnes de cobre macizo demuestran su potencia destructiva.

Se acaba la diversión, ahora viene el trabajo. Salimos los tres, monte arriba, pero enseguida me quedo atrás. El monte es muy “pindio”.

Es la hora de las fotos. No es que sea un trofeo especial pero la caza, el lance, es igual al de cualquier otro.


Subiendo a por la venada abatida

Merece mención especial Oscar Blanco como cazador profesional por su pericia y saber hacer. Te ayuda en todo y resuelve las situaciones con solvencia ya sea manejando el todo-terreno donde no hay carretera, dándote consejos para el tiro -es un gran tirador- destazando la pieza cobrada y demostrando siempre un gran conocimiento del animal. Gracias Oscar!

Daniel Quintana