ENTRÓ LA PIEZA
Entró la pieza, nuestro corazón palpita con fuerza empujado por la emoción del lance. Apuntamos cuidadosamente. Es tanta la urgencia en ejecutar esas cosas que habíamos repasado mentalmente tantas veces, que nuestro cerebro se atropella un poco siendo conscientes de que pensamos en todo y todo se nos escapa. Disparamos....bang!

Seguramente ni nos ha dado tiempo para efectuar un segundo disparo. Ahora reina el silencio. La pieza vimos que se revolvió con el impacto pero ya no está.

La primera reacción, la más instintiva, será acercarnos rápidamente al sitio donde estaba el animal cuando recibió el impacto y ver si hay sangre. Si así ocurre, llamamos por la emisora a los monteros para que traigan cuanto antes a un perro de rastro y perseguir a la pieza herida para que no se escape. Y ya está! Y no hablo de algo que me han contado puesto que así ha sido mi reacción en alguna ocasión con, claro está, poca experiencia de caza. Analizando mi comportamiento que, por la forma de reaccionar los monteros y demás cazadores no es tan extraña, me puse a reflexionar y a analizar todos los actos que habían ocurrido y me di cuenta de que no era esa la manera correcta de actuar y que debería modificar lo que estaba hecho mal o lo que no había hecho para mejorar el “comportamiento” cazador y no cometer los mismos errores.

Siguiendo con aquel relato, me dirigí inmediatamente después del disparo, y sin reflexionar, hacia el lugar “exacto” donde el animal había recibido el impacto, aunque tal exactitud no fue tal, sobre todo si falta el rastro de sangre, y si una aproximación que se fue extendiendo a medida que pasaba el tiempo. Muchas cosas y casi ninguna bien hecha ¿Reflexionamos un poco?

Si analizamos veremos qué puede hacer el cazador.

En ese momento emocionante que avistamos a la pieza y antes de apuntar y disparar observaremos al animal y lo que estaba haciendo. Es posible que venga sin señales de alarma ninguna, caminando o comiendo. Aunque también puede ocurrir que veamos al animal que adopta una posición de alerta, tenso sobre sus cuatro patas y mirando hacia alguna parte, moviendo las orejas en busca de cualquier sonido distinto o extraño para él La más mínima señal de peligro le hará huir EN SENTIDO CONTRARIO hacia donde dirigía la mirada.

Ya está centrada la mira sobre la pieza, nuestro corazón palpita con fuerza y no nos deja quieto el rifle, aguantamos la respiración aumentamos la presión sobre el disparador o gatillo y bang! Ya salió el tiro!. Son muchos los cazadores que están en el puesto y que creen que ya se terminó su misión con el disparo. Lo han hecho lo mejor posible y el que caiga el animal o se vaya es una cuestión de suerte.

Pero no, el cazador aún tiene cosas que hacer y en que fijarse.

¿Hay alguna posibilidad de saber donde recibió el disparo el animal? Si el cazador está un poco entrenado, habrá podido tener abiertos los ojos cuando hizo el disparo, aunque sea en una fracción de segundo, y habrá visto la reacción del animal que es la que nos puede dar alguna pista de donde recibió el impacto.

Cuando recibe el impacto, el animal reacciona de diversas maneras, así puede saltar hacia arriba con sus cuatro patas rectas y arqueando el lomo, encabritarse apoyado en sus patas traseras, o cocear, o partir cojeando. Cada uno de estos comportamientos corresponde –generalmente-- a un tipo de herida específica. Si parte cojeando, como es fácil de deducir, el impacto está en sus extremidades. Si cocea es síntoma de que el impacto es abdominal quedando el salto con arqueo de lomo o el encabritarse sobre las patas traseras para los impactos de tórax.

Parece que ya terminamos, ahora si, y sigue sin ser cierto. No haga nada, ni recargue, ni ponga el seguro, nada. Trate de escuchar o ver “como” y hacia donde huye nuestra pieza. ¿Lo hace rompiendo monte? Seguramente está malherida si lo hace así, ya que la huida natural de un animal sano es más sigilosa. Además, si no podemos divisarle, sabremos la dirección en que huye si hace ruido. Más tarde esa información será valiosa para buscar un rastro de ramas rotas, altura de los rastros de sangre, pelos, material abdominal, huellas, etc. Con los prismáticos registraremos el sitio del impacto tratando de encontrar algún rastro o indicio. Nos fijaremos bien en la forma del terreno para situar el lugar lo más exactamente que sea posible. Creo que la tarea desde el puesto ya está completa, vayamos ahora hacia donde estaba la pieza cuando la disparamos.

Preparamos el arma lista para el disparo y sin ruidos innecesarios, avanzamos hacia donde el animal recibió el impacto. Observemos el área con detalle procurando no pisotearla siendo una buena práctica clavar una estaca con algún distintivo fácil de ver como referencia que nos permita volver al sitio aunque nos alejemos un poco.
Lógicamente lo primero que buscamos esperanzados es un rastro de sangre. Debemos de distinguir en primer lugar si la sangre es venosa o arterial. La venosa, mas oscura, proviene de los miembros del animal y raramente del abdomen no siendo muy buena señal para el cobro de la pieza sobre todo si le vio moverse con dificultad o encuentra señales de cojera en las huellas. La arterial, más rosada o roja brillante y bastantes veces con espuma, es buena señal para el cazador pues proviene de heridas del torso o el corazón.

También es posible encontrar restos de la cavidad abdominal que suelen tener color verdoso acompañada, a veces, de estrías sanguinolentas. Estas señales no son buenas ni para el cazador ni para el animal. Por último los pelos encontrados también nos dan alguna información sobre todo si están acompañados de algún otro elemento.

La preguntas que nos hacemos, si reflexionamos en vez de actuar instintivamente, son varias ¿Estará muy lejos la pieza? ¿La perseguimos ahora o esperamos? Si esperamos ¿cuánto tiempo tenemos que esperar?.

Si tenemos razones suficientes para pensar que el impacto fue en el tórax, (apuntamos bien al codillo, saltó con las extremidades rígidas y la sangre encontrada es brillante y con burbujas, que sería la opción optima), podemos iniciar la búsqueda de forma inmediata siempre preparados y con el arma lista. Un animal con herida cardio-pulmonar, normalmente, no estará más lejos de 100 o 150 metros y sin vida. ¿Por qué es así? Ello es debido a que el animal seguirá caminando mientras el corazón sea capaz de bombear sangre al cerebro pero la hemorragia hará colapsar al corazón por falta de llenado. En cuanto la sangre deja de llegar al cerebro se pierde toda respuesta motora lo cual le llevará al desvanecimiento y rápidamente sobreviene el fin.

La huida normalmente será en línea recta excepto los últimos pasos que, debido a la disminución del riego, los suele hacer de forma aleatoria al no coordinar. Tengamos esto presente a la hora de encontrar la presa.

Supongamos ahora que la herida es abdominal (le vimos cocear y encontramos restos de material verdoso). Si se alborota o se emprende una persecución inmediata, es fácil que perdamos la presa. Entonces ¿cómo actuar?

Analicemos la hipotética reacción del animal. Al recibir el impacto el animal su reacción será huir, correr para poner la mayor distancia entre él y el cazador. Pero ahora sus posibilidades de moverse a corto plazo solo son impedidas por el dolor. Si, y fijaros que es un condicional, el animal no está seguro de lo que ha ocurrido y no se siente perseguido o intuye que lo está, recorrerá una distancia prudencial ( unos 300 metros?) y se echará a descansar obligado por el dolor. A medida que pasa el tiempo sobreviene una contracción muscular muy dolorosa de la pared abdominal que le inmovilizará en el caso de encontrase amenazada.

¿Qué haremos entonces? Creo que la explicación anterior ya contestó a nuestra pregunta: esperar sin delatar nuestra presencia. ¿Cuánto tiempo? Dicen los entendidos que unas tres horas como mínimo aunque cinco serán mejor.

Por último ¿qué hacer si la herida es en los miembros locomotores? Si nos cercioramos de que la herida es con fractura de huesos veremos que la reacción del animal es parecida a la que se produce con heridas abdominales por lo que nuestro comportamiento será idéntico, teniendo mucho cuidado en ser discretos y no delatar nuestra presencia de manera innecesaria. No tiene ningún sentido informar a la presa de donde estamos o quien la disparó.

Daniel Quintana